Los umbrales de la democracia

Los umbrales de la democracia

¿Cuándo se deja de ser democrático?

A propósito de celebrarse el 15 de septiembre el día internacional de la democracia, es importante reflexionar acerca de sus aportes como sistema político ya que ha sido ampliamente valorada por su énfasis en la participación ciudadana, la protección de derechos individuales y el favorecimiento de la toma de decisiones colectivas. Sin embargo, es importante reconocer que incluso en los sistemas democráticos existen límites y riesgos inherentes que podrían erosionar los principios que la originan y sostienen para dar paso a regímenes totalitarios y crecen inicialmente en las ideas de alguien que por su condición de poder circunstancial pretende alargar estos lapsos de tiempo mediante acciones poco democráticas que aseguren su permanencia en esa instancia de poder y liderazgo.

Hay varios factores que evidencian la transición de un líder hacia conductas totalitarias de las cuales hay que estar advertidos, por ejemplo: pretensión de concentrar mayor poder del permitido en sí mismo o en un círculo cercano, manipulación de instituciones, pretensión de incidir en decisiones del Poder Judicial, legislativo u organismos de control con el objetivo de socavar la independencia de estos poderes o limitar su capacidad de vigilancia, limitar la libertad de expresión, utilizar tácticas intimidatorias para silenciar opiniones críticas hasta llegar al punto de crear entornos donde se promueva el culto a su persona como máximo y único líder capaz.

Un pilar fundamental de la democracia es la expresión de la voluntad popular mediante elecciones libres y justas ya que los líderes electos reflejan la diversidad de la sociedad y además deben estar sometidos a un sistema robusto de contrapesos y supervisión. Ahora, ¿es suficiente la mera realización de elecciones para considerar que un país es democrático? La respuesta es negativa si dichas elecciones carecen de transparencia o equidad, si el proceso electoral previo y posterior se ve empañado por reducción de derechos civiles, desigualdad de condiciones entre candidatos o el uso indebido de los recursos gubernamentales a favor de un candidato oficialista, estos factores y otros similares erosionan la legalidad y transparencia del proceso y por tanto sus resultados pierden su legitimidad, así como la democracia, su esencia.

A nivel internacional, existen instancias como la Organización de Estados Americanos y Naciones Unidas, Unión Europea, Corte Penal Internacional, G7, G20, entre otros que actúan en sus respectivos ámbitos de acción, pero su capacidad en este mundo multipolar cada vez es más limitada y los tiempos de resolución demasiado lentos para frenar de manera efectiva el deterioro democrático en tiempo real, además, que esta vigilancia sobre procesos electorales y retrocesos en sistemas democráticos varía en función de los intereses geopolíticos y las dinámicas de poder donde la imposición de sanciones o advertencias tienden a ser selectivas y en lugar de garantizar una intervención oportuna las instituciones no van más allá de comunicados y ruedas de prensa generando ambientes propicios para la consolidación de regímenes autoritarios en países cuya fachada democrática oculta elecciones amañadas y erosión progresiva de pilares fundamentales de la democracia.

Uno de los episodios más recientes que ha mantenido al mundo en vilo es el flagrante fraude perpetrado por el dictador Nicolás Maduro en Venezuela, al escribir estas líneas, como noticia de último minuto, se informa que Edmundo González Urrutia, legítimo vencedor de las elecciones presidenciales celebradas el pasado 28 de julio, se dirige al exilio en España buscando proteger su vida y libertad de la implacable persecución del régimen, este hecho es una nueva muestra del colapso democrático en países donde la voluntad popular ha sido progresivamente pisoteada por dictadores que utilizan el aparato del estado para promover violencia y miedo en la población y lograr perpetuarse en el poder.

Difícil tarea tiene la comunidad internacional para enfrentar estas circunstancias con mayor firmeza y coherencia de lo contrario, seguirá siendo testigo silente de la degradación democrática que amenaza con volverse irreversible en muchos países del mundo, ante esto, es importante recordar un episodio ocurrido en la Cámara de los Comunes del Reino Unido el 11 de noviembre de 1947 en medio de un momento difícil para el mundo pues, aún se estaba superando la devastación de la Segunda Guerra mundial y Winston Churchill pronuncia uno de los discursos más memorables de la historia abogando por la importancia de la democracia en un momento en que surgían diversas ideologías políticas y sistemas de gobierno distintos, enfatizando que "la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre con excepción de todos los demás"

Hoy, reivindico sus palabras y concuerdo que a pesar de sus fallas e imperfecciones la democracia sigue siendo el mejor sistema de gobierno, pero dejando claro que no es un estado estático, es un proceso continuo que requiere vigilancia, defensa constante y todos debemos tener el deber de defenderla, consolidarla y en cuanto sea posible mejorarla, por lo tanto, la democracia no es solo un ideal a ser celebrado, es una tarea a ser realizada.

Aunque no lo queramos, todos somos marca, así nos perciben y así percibimos, ser visibles o no queda a vuestra decisión, quizás, esta idea se asocie a la autopromoción vacía o al influencer sin contenido que mencioné en mi artículo anterior, pero no es así, esto es otra cosa, hablo de una estrategia de posicionamiento con propósito, de una marca personal construida sobre la base de la experiencia, credibilidad y trayectoria. En este mundo hiperconectado, lo que no se ve: no se valora o simplemente no existe, según un estudio de LinkedIn, el 85% de las oportunidades laborales y de colaboración surgen a través de redes de contacto personales y visibilidad digital, no del currículum, tampoco del expediente académico, sino de lo que proyectas y cómo te perciben, hace poco escuché una frase muy determinante sobre esto "El talento sin visibilidad es como un faro apagado: está ahí, pero no guía a nadie". Hoy, cuando alguien quiere saber quién eres, no va a revisar tus títulos, va a buscar tu nombre en Google, revisan tu perfil en Linkedin, Facebook o Instagram ¡no es invento!, una encuesta global de Career Builder reveló que el 70% de los empleadores revisan las redes sociales de un candidato antes de contratarlo y casi el 50% ha descartado a candidatos por no encontrar evidencia de presencia profesional online. Igualmente sucede con los consumidores, según un estudio de Deloitte 8 de cada 10 personas buscan información en línea antes de realizar una compra o contratar un servicio y el 95% lee las reseñas en línea y el mismo porcentaje las asume como influencia directa en sus decisiones de compra.

Cuantos casos no existen de profesionales que no vendieron sus servicios, no fueron contratados o quedaron fuera de decisiones importantes simplemente porque nadie los vio y mucho menos pensó en ellos, en cambio personas con menos experiencia, servicios menos robustos, pero con fuerte proyección y presencia en redes ganaron esa carrera. En sectores como la política, la percepción pública es determinante, la marca se construye día a día, gracias a esto, en muchos casos el vencedor de unas elecciones ya la ha ganado antes de iniciar el proceso electoral y no necesariamente era el idóneo, pero se proyectó mejor. Igualmente sucede para quienes lideramos equipos, emprendimientos o iniciativas sociales, la marca personal es parte del impacto institucional, porque cuando un líder se posiciona, también posiciona a su organización, humanizándola y enriqueciéndola.

En este sentido, la construcción de una marca con influencia positiva, la creación de una huella digital como estrategia de posicionamiento siempre aportará mayores beneficios que inconvenientes, al respecto, dos referentes en este campo plantean su importancia de diferentes formas, por un lado, Seth Godin sostiene que "Si no eres diferente, entonces eres invisible" y por otro lado, Jurgen Klaric defiende la idea que "Debería ser obligatorio tomar clases para aprender a vender y venderse antes de graduarse de la universidad", ambas perspectivas convergen en la necesidad imperante de construir una marca personal distintiva y comunicarla eficazmente, Godin nos advierte el peligro del anonimato e impulsa la idea de ser visibles y auténticos, mientras que Klaric, con su pragmatismo característico, señala la importancia de la habilidad de venderse, de comunicar vuestro valor y potencial como factor diferencial de competencia, incluso superior a los conocimientos adquiridos en la academia. En definitiva, hoy la marca personal es la imagen que dejamos en la gente, es nuestra carta de presentación, ignorar esta realidad es conformarse con ser espectador en un mundo que premia a quienes se atreven a ser diferentes, mostrando su autenticidad y propósito. No ser visto no es una opción, ¡es autoexcluirse!

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SOBRE EL AUTOR
Oswaldo Smarrelli

Economista, magíster en gerencia, locutor certificado y articulista por convicción. Más de 20 años acompañando a líderes y organizaciones a pensar el presente para diseñar el mañana.

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